Dos stands, dos temporadas, una misma tarde. Nos movimos entre la ropa infantil de Tintoretto y las prendas de mujer de Coconut buscando que cada prenda respirara antes de que un cliente la tocara: dobleces, texturas, el brillo justo de un tejido nuevo.

Fue un rodaje de detalle, de acercarse mucho y de tener paciencia con la luz de un centro comercial, que nunca es la que uno querría.